22 abr. 2012

Vi

de Nikolái Gógol

De la literatura rusa conocemos todos sus grandes dramas clásicos: “Anna Karenina”, “Guerra y paz”, “Crimen y castigo”,… Pero más allá del realismo crudo de estas obras existe una corriente de relatos de tinte fantástico y sobrenatural, ligados en gran parte a las costumbres y creencias de los habitantes de la gran Madre Rusia.

Nikolái Gógol es quizás el autor más representativo de este subgénero. Su labor de investigación histórica y antropológica sobre sus compatriotas ucranianos le aportó un enorme bagaje cultural (sirva la inconclusa “Almas muertas” como ejemplo de ello). Conocedor a fondo de la tradición, las creencias y los mitos ucranianos, Gógol nos legó un inestimable conjunto de relatos donde la magia y la superstición son el hilo conductor de la vida diaria. En ellos brujas, demonios, hombres-lobo y otros seres fantásticos campan a sus anchas por aldeas e isbas inmiscuyéndose en las labores y las vidas de los aldeanos.

“Las veladas de Dikanka” o “Mírgorod” son muestras cabales de su literatura y excelentes ejemplos de esta corriente. Nórdica Libros nos trae en una cuidada edición ilustrada uno de los relatos incluidos en el segundo volumen. “Vi” (1835) es además el primer relato que escribió Gógol. En este cuento de terror el filósofo Jomá Brut emprende, tras finalizar los estudios, el viaje de vuelta a casa en compañía de dos seminaristas más. El destino hace que durante su periplo una malvada bruja se cruce en su camino.


'Vio que la vieja se acercaba a él, le doblaba los brazos, le inclinaba la cabeza,
se subía sobre su espalda con la agilidad de un gato y le golpeaba el costado con una escoba;
en ese momento el seminarista, dando saltos como un caballo de silla,
salió al galope con la vieja a hombros.'


Utilizando una artimaña Jomá deshará el hechizo y se vengará dando muerte a la bruja. En ese momento el viejo y decrépito disfraz de la hechicera desaparece para mostrar el cuerpo sin vida de una joven de belleza sin igual sobre la que había caído una maldición. El filósofo se encontrará con el deber, horas más tarde, de velar el cuerpo de la desgraciada joven, una ardua tarea que le obligará durante tres noches a luchar contra los horrores y los seres más abyectos surgidos de la oscuridad. Entre ellos estará el Vi, el rey de los gnomos.


'Mirando de reojo, el filósofo vio que traían a un ser achaparrado, rechoncho, patizambo.
Todo su cuerpo estaba cubierto de tierra negra, por entre la cual sus manos
y sus pies sobresalían como fuertes y nudosas raíces.
Andaba con dificultad, tropezando a cada paso. Sus largos párpados colgaban hasta el suelo.
Jomá advirtió con espanto que su rostro era de hierro.'


Lo absurdo y lo real se suelen mezclar con gran ironía en la pluma de Gógol, sensaciones que transmitieron de forma brillante Konstantin Ershov y Georgi Kropachyov en la película homónima “Viy” (1967), una pequeña joya cinematográfica donde el uso de simples pero efectivos recursos logra recrear el universo fantasmagórico de Gógol con gran imaginación.

A caballo entre la contemplación del cine ruso y la belleza del cine asiático,
el filme “Viy” no es una obra apta para cualquier público,
pero sí un enorme ejercicio de virtuosismo.

Para saber si Jomá sucumbirá o no a las fuerzas del mal hay que dejarse llevar hasta el final por este curioso a la par que embriagador relato de tintes sobrenaturales, una historia llena de seres oscuros que han inspirado a artistas como Sergei Yakutovich o rezat.

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