8 feb. 2016

La isla de Giani Stuparich

Portada de La isla de Giani Stuparich
autor: Giani Stuparich
edición: Minúscula (2008)

cinco estrellas

Todos los libros tienen una historia, o eso dicen. La de este ejemplar no tiene desperdicio. "La isla" me escogió un 23 de Abril de 2010 mientras paseaba por un escenario tan ilustre y literario como la Rambla de Barcelona. El libro llamó de inmediato mi atención: no sabría decir si fue el título, su portada, la novedad de un formato tan pequeño... Del autor, Giani Stuparich, nada sabía de antemano, así que no fue esta la causa de mi repentino impulso. Aunque seguramente fue un gesto tan simple y mundano como hojearlo y leer la contraportada, ver algo que que me gustó y llevármelo a casa. Cuando lo acabé de leer sentí que me había dejado impronta. Me marcó, y mucho. Me caló tan hondo que no dejé de nombrarlo y recomendarlo a todo hijo de vecino. Y así llegó un día, de repente, en que lo eché en falta en mis estanterías. Le había perdido el rastro.

Cuatro años más tarde, coincidiendo con la fecha del sepelio de Cervantes, adquirí un nuevo ejemplar para reponer en mi colección. Y mira por dónde, sin venir a cuento, apareció el libro viejo olvidado en casa ajena. Mi alegría fue enorme. Como buen amante de los libros soy un nostálgico y prefiero las ediciones viejas y algo cascadas, con una pátina imborrable, a los libros nuevecitos de trinca. Así pues acabé regalando mi nueva adquisición: ¡que los libros son para leerlos, disfrutarlos y, a poder ser, compartirlos! Y volví a guardar el libro en la estantería. Hasta el día de hoy. Y es que no hace mucho me asaltó el impulso de releerlo, de ver si ese recuerdo que me había quedado grabado a fuego en lo más profundo de mi subconsciente era un mito o bien era algo que sucedió en realidad, aunque fuese en una época ya lejana.

Sinopsis:

Un hombre recibe una misiva de su padre. En ella le pide que abandone durante unos días su residencia en las montañas para pasar con él una temporada en la isla en la que ambos vivieron hace muchos unos años. Sin dudarlo el hombre atiende la petición de su padre. Algo en el tono de la carta le indica que el deseo de su progenitor no es un simple capricho.

El padre está gravemente enfermo. Es un hombre curtido por los años de duro trabajo, orgulloso, incapaz de dejar traslucir el sufrimiento que la dolencia le provoca. Esconde sus sentimientos tras una máscara de aparente fortaleza pero el mal lo corroe por dentro. Aun así se emociona ante la pronta respuesta de su hijo, que abandona sus quehaceres para cumplir los deseos de un viejo moribundo: rememorar los felices días pasados en la isla, aquella que fue su hogar y donde llevó a cabo sus sueños de juventud.

Cuando el hijo ve al padre es consciente de su vejez y de su enfermedad; se reprocha no haber ido antes a visitarlo. Lejos de ofuscarse decide pasar página y tratar de aprovechar al máximo los próximos días en compañía de su padre. Juntos toman el barco desde la ciudad de la costa hasta la isla, aquella que atesora los sentimientos del pasado, allí donde nacieron y murieron las ilusiones. Al volver a un lugar tan especial los recuerdos asaltan al hijo y vuelve a sentirse orgulloso de su padre, un hombre que para él llegó a representar una especie de dios omnipotente.

'La vida volvía a disociarse: una fría palidez de muerte
estaba detrás de la transparencia de una sangre cálida y exultante;
en el transcurso de un día lleno de sol, disfrutando en la libertad
de la luz y del viento, había un estancamiento, una cerrazón canicular,
donde el cerebro se disolvía y el alma fermentaba de miedos. Un sentimiento
de incertidumbre y de miserable compromiso con la fatalidad lo invadía todo.'

Opinión:

Esta historia es breve e intensa. El librito se tiene que leer del tirón para apreciar la densidad emocional que transmite, toda esa marea de sentimientos que asaltan a padre e hijo al volver a un lugar tan especial como la isla. La prosa de Stuparich es nítida, no esconde nada, y permite apreciar lo que subyace tras ella como si observásemos a través del agua cristalina el fondo marino que rodea la isla. Más que diálogos las conversaciones entre padre e hijo son análisis sinceros, cargados de recuerdos y emotividad.

Entre ambos personajes se establece una especie de simbiosis: el hijo admira a su padre y se esfuerza por repetir los gestos de este, mientras que el padre se siente orgulloso de que su hijo se haya convertido en un hombre de provecho. El hijo acude a la llamada ansioso (sin saberlo) por pasar unos días con él. En el ambiente tranquilo del pueblo buscarán recuperar los nexos con el pasado pero el futuro implacable y aciago no les pondrá las cosas fáciles.

"La isla" es un libro duro. Y triste. Tomar conciencia de la propia vejez o de la de nuestros seres queridos conlleva un inefable estado de melancolía. Pero el autor se centra también en los momentos luminosos y llenos de belleza, aquellos que mejor perduran en nuestros recuerdos a pesar del implacable paso del tiempo. En el posfacio Claudio Magris califica la prosa de Stuparich como el reverso del lado oscuro de la literatura triestina (la denominada triestinidad negra), capaz de abordar temas tan recurrentes como la muerte con claroscuros no exentos de luz y de momentos de añorada felicidad.

Cuando leí esta obra por primera vez me golpeó duro y hondo. Ahora que la he releído quizás las sensaciones han sido diferentes, pero no han perdido ni un ápice de su fuerza. Recomendarlo es inevitable: creo que es un clásico de la literatura moderna. Quizá debido a su brevedad muchos no se lo tomen en serio, pero lo que logra transmitir Giani Stuparich en tan pocas páginas es algo maravilloso al alcance tan solo de unos cuantos privilegiados.

Ficha:

"La isla" - Giani Stuparich
Traducción de J. Á. González Sainz
Minúscula, Paisajes narrados - 23 (978-84-95587-39-8)
119 páginas

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