30 may. 2016

Pureza de Jonathan Franzen

Portada de Pureza de Jonathan Franzen
autor: Jonathan Franzen
edición: Salamandra (2015)
género: narrativa

cuatro estrellas

Antes de abordar este libro mis sensaciones con Jonathan Franzen eran encontradas: por un lado estaba ese magnífico recuerdo, aunque lejano y algo difuso, que me quedó nada más acabar Libertad; por el otro estaba la sensación de desconcierto por no haber podido leer tan siquiera cincuenta páginas de Las correcciones. Con la duda sobre qué vertiente de Franzen encontraría en Pureza inicié la lectura. Después de apenas diez páginas vislumbré que esta historia iba tras la senda de Libertad y tras acabar las casi setecientas páginas del libro no puedo sino confirmar que Purity (en su título original) es una novela más que notable y que no me ha defraudado lo más mínimo.

Sinopsis:

Conocemos a Purity Tyler, un veinteañera reacia a usar su nombre de pila por considerar excesiva la carga simbólica que este conlleva implícito, consciente que con su tipo de vida jamás podrá aspirar a tan elevado sentimiento. Pyp vive en una casa ocupada junto con otras personas: Ramón, un minúsválido por el que se desvive, Dreyfuss, un superdotado con ciertos problemas y la pareja formada por Marie y Stephen. Enamorada en secreto de Stephen, que supera la treintena, Pyp tiene una vida que no le satisface. Su trabajo es gris y anodino y además tiene que soportar un comportamiento por parte de su jefe que roza el acoso. La relación con su madre tampoco ayuda y es como una losa de granito que le arrastra hasta lo más profundo de la desidia. Pero todo cambia cuando decide dar un giro radical a su vida y embarcarse en un proyecto bajo el amparo de un hombre carismático.

Andreas Wolf es una especie de Edward Snowden o Julian Assange, un hombre que ha logrado la fama en los medios y en las redes a base de airear secretos y trapos sucios de gobiernos, multinacionales e individuos poderosos. Ante todo defiende la pureza de su cruzada (conocida como Sunlight Project) como contraposición a la maquinación y el oscurantismo de los tiempos modernos. Pero él también tiene un pasado: habiendo crecido en el Berlín Oriental en el seno de una familia con privilegios dentro del partido, amparado así bajo una cierta impunidadidad, es normal que esconda episodios algo turbios, locuras de una época, la juventud, en la que todos somos rebeldes y nos creemos invulnerables. Andreas tiene un don para las relaciones y gracias a ello le resulta fácil ganarse la simpatía de la gente, pero quizá no sea suficiente para mantener a flote tan místico proyecto sin perder un ápice de integridad pues la sombra del pasado siempre acecha.

Leila Helou es investigadora en el Denver Independent, una agencia de noticias independiente. Tiene a su cargo a una joven colaboradora que le ayuda en un caso de negligencia con armas nucleares, un asunto feo y muy espinoso. Leila vive con Tom, propietario y fundador del DI, que montó el negocio gracias al dinero que el padre de su exmujer le donó tras fallecer. Ambos tienen una relación plácida basada en sendos círculos de confort, aunque las exparejas de ambos tienen gran influencia sobre ellos y amenazan con desestabilizar la relación y el proyecto editorial.

'Había imaginado que su sensación primordial sería la ansiedad,
el temor febril a que lo descubrieran y lo arrestaran,
pero al parecer la República parecía empeñada en absolverlo,
por alguna razón perversa, y Andreas ya no conseguía recordar
por qué se había reído tanto del país entero y de su falta
de gusto. Ahora se le antojaba más como la República de la
Tristeza Infinita. Las chicas seguían presentándose a la
puerta de su despacho y mostraban interés por él, tal vez
incluso más curiosas que antes por su pinta lastimera,
pero en vez de pensar en sus coños, Andreas se ponía
a pensar en sus almas jóvenes.'

Opinión:

Cuando me acerqué a Jonathan Franzen por primera vez descubrí a un autor con una prosa idealista y reivindicativa, amante de los individuos comprometidos social y politicamente. Sus personajes son ricos en detalles y matices, poseen elaboradas historias personales y se dejan arrastrar por relaciones profundamente enraizadas en los estratos que componen sus novelas. Pureza no es una excepción en la obra del autor de Chicago y cumple con todos estos reclamos. Estamos ante una novela que se mueve con facilidad a través del tiempo, abarcando así diversas generaciones, pero focalizando siempre la trama en torno a unos pocos individuos que tienen en común no encajar en el mundo, un poco como el público potencial al que Franzen aspira a llegar, según confesó en una entrevista, con cada una de sus obras.

La complejidad y las múltiples capas de información que poseen los personajes son lo mejor de la novela; sus historias te atrapan hasta el punto de querer saber hasta el más mínimo detalle de sus vidas, el porqué de tantos traumas. Porque en la novela de Franzen de conflictos vamos servidos. Andreas, Tom, incluso David, son hombres pusilánimes, marcados a fuego por las relaciones con sus esposas, madres e hijas. Ellas son los personajes dominantes, mujeres que a su vez se vuelcan con sus maridos e hijos, proyectando en ellos su amor obsesivo. Franzen habla con gran soltura de las relaciones (laborales, afectivas,...) y rehúye de los estereotipos más caducos. Para él las relaciones se basan en el equilibrio, en no querer ganar ni dominar ,como un buen peloteo en un partido de tenis; pero como no siempre se puede lograr ese idílico bienestar sus personajes se ven forzados a escorarse buscando el contrapunto a sus parejas, por muy extremo que este acabe siendo.

Recomendar a Jonathan Franzen es una necesidad, una obligación incluso. Es uno de los escritores más aclamados del momento y forma parte ya del olimpo de las letras americanas. Con su hábito monacal de escritura (se aisla durante días en una habitación con su portátil y sin conexión a internet) persigue lograr la perfección estética; no en vano el autor afirma que con su escritura busca proporcionar placer a todos los niveles: intelectual, emocional, lingüístico y estético. El amor y el sexo en manos de Franzen se transmutan en todas las filias y fobias posibles. Nunca es posible saber con qué nos sorprenderá, aunque lo único cierto es que lo acabará haciendo. Quizá tenga muy idealizada Libertad, o quizá el lejano recuerdo no sea cien por cien objetivo, pero lo cierto es que la obra que nos ocupa no me ha dejado tanta sensación de plenitud como su antecesora. En parte por detalles como traducir el título original (algo que sí se ha respetado en la versión en catalán), un elemento que ya de primeras aporta ese doble sentido tan atractivo en las historias del autor. Pero manías aparte debo reconocer que la traducción es muy notable y que gracias a ella esta vasta obra se lee de maravilla. Y es que lograr la pureza absoluta es una labor ardua y (casi) imposible, si bien es cierto que no hay que cejar nunca el empeño.

Ficha:

"Pureza" - Jonathan Franzen
Traducción de Enrique de Hériz
Salamandra (978-84-9838-710-0)
697 páginas

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