16 may. 2016

Cuando Alice se subió a la mesa de Jonathan Lethem

Portada de Cuando Alice se subió a la mesa de Jonathan Lethem
autor: Jonathan Lethem
edición: Mondadori (2003)

cuatro estrellas

Prometí volver a las andadas con Jonathan Lethem y he cumplido. Es un autor que me encanta (eso no lo puedo esconder), así que siempre tengo algo suyo en la recámara. Esta vez cayó en mis manos As She Climbed Across the Table, una obra de 1997 traducida en esta ocasión con el título de Cuando Alice se subió a la mesa. Es verdad que he iniciado esta lectura algo predispuesto pero no es menos cierto que el resultado final tras acabar el libro salta a la vista y que, por muy fan que sea de él, es un autor que siempre me acaba sorprendiendo. Y para bien. Podría definir esta novela como social, quizá con tintes románticos e incluso con una modesta vertiente de ciencia-ficción. Puede ser una mezcla de todo ello, o quizá no sea nada de lo que he mencionado. Lo que sí puedo aseverar es que Lethem posee un estilo muy particular que logra plasmar a través del prisma de su prosa, convirtiendo sus historias en algo a medio camino entre lo tangible y lo irreal. Su punto de vista es algo único e irrepetible, y como tal hay que probarlo (leerlo) por lo menos una vez en la vida.

Sinopsis:

Philip y Alice hace años que están juntos. Él es antropólogo y ella física teórica. Se conocieron en el campus y desde entonces residen allí, ejerciendo la docencia mientras siguen con sus estudios y con sus experimentos. Una tarde, tras acabar las clases, Philip se dirige en busca de Alice al departamento de física. Cuando llega lo halla desierto; de hecho todas las zonas del complejo están vacías. Todas menos el laboratorio donde el doctor Soft está realizando un experimento crucial. El doctor y su equipo han sido capaces de crear una burbuja de vacío en el interior de la cual se ha formado un universo paralelo anclado en el tiempo. O eso es lo que dice la teoría.

Alice está allí junto al resto de científicos. El doctor Soft acaba de reproducir el big bang a pequeña escala, ha sido capaz de crear un microuniverso dentro del laboratorio. Y eso es algo que ningún físico querría perderse. Pero cuando el sistema se desestabiliza y aparece una brecha o portal asistimos al inicio de algo nuevo, a una situación que ninguna teoría es capaz de predecir. Alice dedicará todos sus esfuerzos a la burbuja de vacío, subyugada como está por sus ansias de conocimiento y por la atracción que ejerce lo desconocido. El experimento adquirirá entidad propia y pasará a ser Ausencia mientras que Alice mutará en una científica loca que solo vive para la física. Philip verá como ella se aleja inexorablemente, cerrando tras de sí todas las puertas de los sentimientos, para aislarse en un pequeño mundo regido por átomos, moléculas y por la fuerza gravitacional de los agujeros negros.

Pero Philip no será el único daño colateral de Ausencia. Muchos otros personajes que se pasean por la novela acabarán impactados de una u otra forma por este prodigio de las leyes físicas. El propio Soft y su colega italiano Carmo Braxia serán incapaces de comprender una entidad que supera sus conocimientos. Evan y Garth, dos ciegos que ven de una forma poco convencional, encontrarán en Ausencia algo cercano a su propia realidad. Y como ellos la mascota del laboratorio, el resto de estudiantes de física y cualquier objeto que sea lanzado a través de la materia que lo compone. Porque a pesar de intentar medir, analizar y catalogar (en definitiva, comprender) el fenómeno físico que es Ausencia la realidad se empeña en poner una traba tras otra. Es desalentador no obtener ningún dato significativo. Pero lo importante es perseverar pues solo así se puede vislumbrar la solución, aunque para ello debamos llegar hasta la página final.

'Estaba solo. Solamente las partículas y yo. Las imaginaba
descansando tras una extenuante carrera a través del
supercolisionador, flotando inmóviles en el silencio
bajo cero, en un estado de calma no existencial.
El zumbido en mis oídos no venía de las partículas,
por supuesto, pero podría haberse tratado del temor
que despertaban en mí. Me largué de allí.'

Opinión:

Lethem tiene una forma muy particular de escribir: posee la capacidad de crear mundos reales que viran, de una forma muy sutil, a universos oníricos fascinantes. En Pistola, amb música de fons aparecían unos animales que se comportaban como humanos, que tenían sentimientos y cuyas aspiraciones en la vida eran tan complejas (o más) que las del resto de protagonistas. En el libro que nos ocupa el autor se sirve de una extraña cosmología, aquella que orbita alrededor de Ausencia, para enhebrar su historia. Observamos atentos cómo giran esos minúsculos e insignificantes planetas que son Alice, Philip, Soft, Braxia, los ciegos,... Algunos interfieren en las órbitas ajenas (Alice y Philip); otros son satélites secundarios en busca de una oportunidad (Cynthia); algunos ejecutan trayectorias parejas llenas de incógnitas (Evan y Garth); y así con un buen puñado de casos. La física muta en sentimientos y los átomos y las moléculas se convierten en el centro del amor (y del desamor).

Los textos de Jonathan Lethem tienen una pátina especial, algo que los hace reconocibles. Sirvan como ejemplo esos edificios fríos y asépticos del campus de física (de arquitectura desnuda y funcional) que acaban convertidos en portales que, una vez franqueados, conducen a territorios oníricos que tienen más que ver con la mente que con el cuerpo; en este caso se pueden hallar reminiscencias a Haruki Murakami pues el autor nipón hace algo parecido en muchas de sus novelas. Lo que no suele faltar nunca en las novelas del autor neoyorquino es el humor. En este caso el texto más divertido se lo guarda para el final del relato, en la escena de la fiesta de Navidad, momento en que su afilada prosa sublima en una paranoia alcohólica rebosante de imaginación. ¡Y qué decir de la verborrea de los dos ciegos, esa cháchara rebosante de intimidad! Es sencillamente deliciosa.

Jonathan Lethem es sin duda un autor muy recomendable. Es uno de los escritores contemporáneos con mayor versatilidad y riqueza de estilo, algo que se traduce en que cada una de sus obras es un espectáculo único, diferente. Su prosa, al igual que Ausencia, llega incluso a trascender más allá del simple experimento literario. Es cierto que apenas he leído un par de obras suyas, pero estoy casi seguro de no estar errando el tiro con esta afirmación. Podré corroborar este hecho cuando lea el resto de sus libros que tengo por casa pero de momento la intuición me dice que vale la pena esperar. Lethem es como una pequeña droga que se debe tomar en pequeñas dosis, así que mientras me dure el viaje me dedicaré a otras reseñas más terrenales.

Ficha:

"Cuando Alice se subió a la mesa" - Jonathan Lethem
Traducción de Cruz Rodríguez Juiz
Literatura Mondadori, 214 (978-84-397-0996-1)
202 páginas

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