21 nov. 2016

Abluciones de Patrick deWitt

Portada de Abluciones de Patrick deWitt
autor: Patrick deWitt
edición: Libros del Silencio (2010)
género: colección de notas alcoholizadas

cuatro estrellas

Recuerdo que fue una conversación a través de twitter. Hablábamos sobre los libros de Donald Ray Pollock y alguien mencionó el catálogo de Libros del Silencio. Hacía poco que el editor Gonzalo Canedo había fallecido, en enero de ese mismo año, y sus libros habían pasado a ser casi objetos de colección, sobre todo los considerados ineludibles. Entre estos últimos surgieron dos títulos, uno de Robert Stone que algún día retomaré y este que nos ocupa. Fue por Abluciones que se le puso al escritor canadiense Patrick deWitt el calificativo del nuevo Bukowski, un título algo pretencioso y, sin duda, una pesada carga. No he leído nada del icónico poeta del realismo sucio pero tras leer a deWitt puedo hacerme a la idea de por donde van los tiros, aunque desconozco si el primero posee la misma clarividencia narrativa que el enfant terrible de las letras canadienses. Porque lo que aquí se narra es un conjunto de historias, bañadas todas ellas en los efluvios del alcohol y espolvoreadas de drogas varias, que indagan en la autodestrucción pero siempre a través del prisma de una extraordinaria lucidez.

Sinopsis

Novelas de bares y de borrachos las hay a decenas, a cientos incluso. Pero si el narrador es un barman que abusa de los destilados y que se dedica a diseccionar a los individuos que pasan por su local eso ya es otra cosa. El propio protagonista, quizás el propio autor, recoge aquí sus memorias alcohólicas en forma de apuntes para una posible novela. Estamos cerca de Hollywood, meca dorada del cine y deslumbrante sueño para muchos. Muy pocos son los que logran aferrarse a él y la mayoría, despojos de una industria cruel y despiadada, acaban noche tras noche en el mismo bar, se sientan en el mismo taburete y piden sus copas mientras explican una y otra vez sus vidas truncadas como si fuesen mantras. Nuestro protagonista es una especie de confidente en ese templo sagrado de madera, cuero y adornos de latón. El ritual se repite como fractales refulgiendo en una botella de cristal, noche tras noche, inexorablemente.

Gracias al protagonista conocemos a los habituales del bar: Simon, el encargado de rubia melena que abandonó su Sudáfrica natal para ser actor; Anthony, el portero puertoriqueño; Curtis, que se dedica a molestar a las mujeres y a beber a cuenta de la casa; Merlín, el viejo de barba blanca capaz de pronosticar la muerte de otros; Sam, el camello negro que se lleva a sus tres hijos con él por las noches; Ignacio, el expatriado español que no bebe pero que frecuenta el bar para contar historias falsas pero luminosas,... Incluso mujeres como Dana, Ginny o Danielle se adentran en esa ominosa caverna, un mundo eminentemente machista. Y luego están los mitos, las leyendas urbanas: el fantasma que habita en las botellas de tequila, un Ford LTD de 1971 que devuelve una y otra vez a su borracho propietario sano y salvo hasta casa, un terrible edificio que vomita humanos a través de sus ventanas,... La opción de creer o no en las criaturas de la noche queda a merced del lector, pero aquí se nos narran sus logros y sus vicios con gran lujo de detalles como si fuesen verdades absolutas.

No es que te tomes demasiado en serio
la definición norteamericana de la palabra,
pero supones que esa gente son alcohólicos.
Tú les caes bien, o por lo menos están acostumbrtados
a ti, y cuando pasas por su lado alargan el brazo
para tocarte como si fueras un amuleto de esos
que usan los jugadores. Antes esto te resultaba
asqueroso y hasta rodeabas la barra con la espalda
pegada a la pared para no tener que atravesar
esa red de manos rojas y carnosas, pero te has
reconciliado con esa atención y se ha vuelto
familiar, incluso agradable.

Opinión

Como toda novela de borrachos tiende a resultar simpática, aunque los temas que se traten no sean para nada agradables y sus personajes resulten penosos. Pero es casi imposible no empatizar con estos individuos vapuleados sin piedad por la vida, seres humanos en el fondo, y darles nuestro apoyo moral. Estos hombres y mujeres han caído en el más absoluto ostracismo y si no fuese por el bar, ese cálido refugio donde uno tiene amigos o por lo menos conocidos, no serían nadie. 'Los grandes sueños nunca se realizarán en bares como este' sentencia Lancer, el único que ha arrastrado su decencia fuera del bar y que ha logrado ganarse la vida en Hollywood. Pero a la mayoría de los parroquianos eso les da igual: el bar es su vida, lo único que tienen.

Resulta sorprendente la lúcida voz del autor: incisiva pero reflexiva en el fondo, una vez han desaparecido los efluvios del alcohol. Renacer, resurgir del lodo y de la ponzoña. Purificarse. Quizá Abluciones sea un sincero ejercicio de redención. Lo cierto es que duele leerlo. Sus recuerdos permanecen en nuestra cabeza, anquilosados en forma de sueños húmedos y malas resacas cargadas de halitosos. Pero en el fondo esta novela es un gran ejercicio de literatura: franco, valiente y veraz. Cada novela publicada por Libros del Silencio viene sellada con la cita de un autor en referencia a la esencia del texto. La que nos ocupa no puede ser más atinada ni más contundente: 'una taberna es un lugar en el que la locura se vende en botella'. Leed Abluciones y no podréis estar más de acuerdo con esta máxima.

Ficha

"Abluciones" - Patrick deWitt
Traducción de Javier Calvo
Libros del Silencio - Colección Miradas (978-84-937856-3-5)
211 páginas

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