3 jul. 2017

El cuento de la criada de Margaret Atwood

Portada de El cuento de la criada de Margaret Atwood

Imaginad una sociedad que, amparada en una amenaza extremista, erradicase las libertades de algunos de sus individuos, en concreto las que afectan a las mujeres, para hacer de la República de Gilead (nombre del país ficticio donde transcurre la novela) un lugar a medio camino de los Estados Unidos de América modernos y su pasado más puritano y retrógrado. Suena a distopía, a ciencia-ficción, ¿verdad? Pero lo cierto es que "El cuento de la criada" no se aleja tanto de la realidad que padecen las mujeres en muchas partes del mundo. Margaret Atwood confiere una pátina aséptica a este cuento de reminiscencias victorianas pero no se molesta en esconder la mugre que permanece enquistada en los estratos más profundos del poder, unas injusticias y comportamientos machistas que asoman nada más rascar la superficie y que convierten a esta novela en una pesadilla totalmente contemporánea que tiene mucho de crítica social.

Sinopsis:

La protagonista de la novela vive en una habitación modesta, austera, adecuada para su condición a medio camino entre una criada y una concubina. Es una prisión o un privilegio, según como se vea: tiene las necesidades básicas cubiertas y posee un ligerísimo atisbo de libertad, pero no deja de ser una mera ilusión comparada con el pasado pues no dispone de derecho alguno, ni tan siquiera el de decidir su propio destino. Estamos en el centro de la República de Gilead, lejos de unos conflictos bélicos que llegan solo a través de la televisión, en una idílica ciudad donde todo está perfectamente regulado. Nuestra heroína forma parte del mecanismo de una sociedad oscuramente idealista, es un resorte esencial para que la máquina siga girando, pero su realidad se reduce al microcosmos formado por la casa del Comandante y sus habitantes: un hombre poderoso y callado, su esposa lisiada y un elenco de individuos que conforman el servicio.

Cuando la protagonista de esta historia sale a la calle viste completamente de rojo a excepción de la toca blanca; su indumentaria tiene la función de mostrar su condición al resto de individuos. Dentro de la casa debe resultar casi invisible pues su mera presencia disgusta a Serena Joy. Rita, la cocinera, la menosprecia por lo que representa; Cora, en cambio, tiende a ser amable (incluso comprensiva) con ella. Y luego está Nick, el guardián del Comandante, un individuo eficaz y siempre atento al que no hay que menospreciar. En este régimen totalitario y extremista cualquier acto inapropiado o impúdico está castigado con el peor de los destinos: el destierro a las Colonias, un lugar maldito del que circulan terribles rumores. Dentro de la mansión los Ojos también son capaces de observarlo todo y no es fácil determinar quién puede ser el delator que lo envíe a uno a una muerte segura. En este ambiente opresivo se desarrolla el día a día de la criada. Su sino dependerá en buena parte de sus actos y en la capacidad que tenga para olvidar el pasado.


Lo que temen no es que escapemos
—al fin y al cabo no llegaríamos muy lejos—,
sino esas otras salidas, las que una
puede abrir en su cuerpo si dispone
de un objeto afilado.

Opinión:

La propia autora se sincera en el prólogo sobre su obra e indica las premisas que la empujaron a escribir esta distopía tan cercana a la novela de género. Margaret Atwood se impuso dos restricciones: no nombrar hechos históricos que no tuviesen lugar con anterioridad y no usar máquinas o mecanismos inventados que le diesen a la sociedad de Gilead un aspecto demasiado distante. Todo debía resultar reconocible, para bien o para mal. Toda la iconografía que la autora usa en la novela ayuda a generar un clima malsano que se incrementa con creces cuando viajamos al pasado y conocemos el lado más oscuro de las Tías en su afán por el adoctrinamiento. Resulta interesante que Atwood obtuviese la idea del vestido de las criadas de un anuncio que la aterraba de pequeña, convirtiendo así parte de sus más tiernas pesadillas en un elemento esencial para la novela.

La autora se conjura a los viejos y a los nuevos ritos para tejer un drama con una atmósfera intimista a la par que perturbadora. En el centro de la trama están las mujeres, auténticas catalizadoras de la historia, y su constante lucha contra el poder de los hombres a través de las rutinas diarias. Feminidad, religión, sensualidad, totalitarismo,… Todo tiene cabida en la novela de la escritora canadiense. Atwood logra producir aprensión y desasosiego en el lector a través de la prosa intimista, pero también es capaz de sorprender con elementos de género tan potentes como los pergaminos espirituales. Más allá de las fórmulas y las consabidas respuestas que usan las criadas para relacionarse entre sí existe un lenguaje oculto que permite abrir puertas a lugares insospechados. Pese a la lentitud de la trama la novela nos atrapa con su equilibrio y su notable prosa, más aún cuando está respaldada por una serie televisiva que sabe sacar lo mejor de las páginas en las que se basa y que promete a sus seguidores escenas fulgurantes.

- distopía de puritanismo y machismo recalcitrantes -
★ ★ ★ ★
Ficha:

"El cuento de la criada" - Margaret Atwood
Traducción de Elsa Mateo Blanco
Ediciones Salamandra (978-84-9838-801-5) - 2017
412 páginas

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